Cuarta carta a ella

Me enveneno.

Me enveneno solo de tu imagen,

de ese alcohol maldito

de las dos de la mañana.

Recados, decisiones inconscientes

en otra discoteca descuidada.

No sé cómo, pero lo conseguí,

estoy ahí, a tu lado sin estarlo.

Letras que ahora no logro escuchar,

el roce de mis yemas en tu piel.

Valor, instante predestinado a ser,

un simple mensaje que se oculta

entre la mera confusión.

Palabras, palabras que dicen todo,

palabras que no dicen nada.

Mis nervios se enredan con tus nervios,

tropiezo con tus labios.

Qué jodidamente maravilloso,

quiero desgastarlos,

quiero apurarte hasta el último instante.

No eres un sueño, eres real,

pero mi mente dibuja notas

que bullen cerca del miedo.

Da igual.

Me quedo, te quedas.

Ahora sí,

envenéname con tu presencia.

(E.M.A)

Un comentario Agrega el tuyo

  1. UN ENVENANAMIENTO HECHO REALIDAD.
    ABRAZOS

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