No sé cómo debo aceptar la realidad de callar(me) y sonreir.
Ni cómo se duerme la mala costumbre de ver tu cicatriz y no besarla.
No sé cómo debo mirarte atrapando cualquier resquicio de sentir.
Ni cómo se encarcelan ciertas palabras en la garganta para que no salgan.
No sé cómo no acariciar tu piel con la mía, ni siquiera en sueños porque dolería.
No sé cómo mirarte como si yo fuera cualquiera cuando quiero serlo todo.
Ni sé cómo adaptarme a un mundo en el que algo tan simple como darte la mano o acariciarla no existe.
Tampoco sé caer en la ignorancia de privar a mis oídos de esos gemidos tan tuyos y tan míos.
Yo no sé cómo se olvida el placer de perderme en el perfume de tu cuello.
Ni cómo no se destruye el aire que no quiero que haya entre mi boca y la tuya.
No sé cómo detener los abrazos que se pierden bajo tus camisas.
Ni tampoco sé tejer la distancia mínima para tener la fuerza suficiente de no hacértelo y que me lo hagas.
No sé cómo no temblar con el deseo de mirarnos tan cerca que parezca que haya un iman que nos una.
Quizá lo único que sé es que tendré que inventar mil maneras de lograrlo, porque yo no sé cómo hallarme si no hallo la manera de conseguirlo para que estés a mi lado. (E. M. A)