Cuarta carta a ella

Me enveneno. Me enveneno solo de tu imagen, de ese alcohol maldito de las dos de la mañana. Recados, decisiones inconscientes en otra discoteca descuidada. No sé cómo, pero lo conseguí, estoy ahí, a tu lado sin estarlo. Letras que ahora no logro escuchar, el roce de mis yemas en tu piel. Valor, instante predestinado…

Tercera carta a ella

¿Puede alguien desear tanto como yo te deseo a ti? Me quiebro con tu mirada, ambiciono cada palabra como náufraga en el desierto de la confusión. La música sigue encubriendo la derrota de lo que no puede ser. Mensajes, excusas, astucias que bailan al son de hallarte. Desapareces, vuelves, me confundes, entretienes mis pensamientos. Rompo,…

Todo

Miramos el silencio del pasado y creemos que lo vemos todo, pero la vida jamás es así, aunque lo imaginemos, aunque confiemos en ello. Y es que las cosas cambian, desaparecen o nunca existieron. Y pensamos que el todo es un sueño, burlando así el dolor del pensamiento. Y el tiempo se detiene, y ese…

Un día bueno

No somos más que el tiempo que nos queda caminando hacia el olvido que seremos. Es duro, pero es así. El resto, literatura. Lo mejor es no pensarlo mucho: seguir andando, tomar cafés, enamorarse, ver la lluvia… (Karmelo C. Iribarren)

Segunda carta a ella

Sigues ahí, mirándome… sin verme. Y yo, presa de tu presencia arropo la rutina de no tenerte. Sigo confundida. Pasos, lluvia, ruido de la noche que sucumbe a mis ansias. Los suspiros internos muerden el hambre cubierto de ensueños. Derrocho mis palabras en alcohol, en oídos de víboras que danzan a mi alrededor. Quiero tocarte,…

Te haré…

Te haré el amor con palabras  hasta la llegada del día en que la distancia no exista y el verbo se haga carne (Brenda B. Lennox)

Te vi…

Te vi follar y fallar y no sé cuándo me gustaste más: si cuando te contemplé proclamándote diosa o cuándo te observé confesándote humana (Elvira Sastre)

Quédate…

Quédate con quien te bese las heridas que nadie tocó, te ame los defectos que nadie aceptó y te despierte los demonios que nadie conoció (Anónimo)

No queda nada más

No queda nada más que tus recuerdos, silencio que subyace al silencio, manos temblorosas en desapego. No queda nada más que palabras derrochadas, miradas que dejaron ya de mirar, simple música abandonada de jazz. No queda nada más que lágrimas perdidas, luz que atravesó noches y días, sueños que cayeron en perennidad. Tú, yo… No…

Tal vez

“Por más que busco tu mano, por más que me aproximo, más lejos me encuentro de ti, déjame descubrir el sentido de tenerte, déjame por un segundo comprender lo que te acontece” Y yo, sola, ahora que te preciso sin entenderlo, ahora es cuando te veo rendido a mis pies, llorando por mí, llorando por…